Polémica por la
campaña Última Oportunidad del Centro Wiesenthal
“El paso del tiempo no convierte a los culpables en inocentes”,
dice un ‘cazador de nazis’.
Los cazadores de nazis creen que menos de un 20% de los responsables
de atrocidades cometidas durante la II Guerra Mundial han sido
identificados y juzgados. Pero el Centro Simon Wiesenthal no
se da por vencido y ha ampliado este verano a varios países
europeos la operación Última Oportunidad para capturar
a criminales de guerra. El método de esta campaña, la recepción de
denuncias por teléfono, ha provocado amplias polémicas
en Polonia y Hungría.
“Realmente es la última oportunidad para hacerlo. Tenemos
unos cinco años antes de que todos se hayan ido”, ha
asegurado el cazador de nazis Ephraim Zuroff, responsable de esta
campaña lanzada en siete países y que el centro pretende
extender a un total de 11, entre otros Alemania, Ucrania y Argentina. “A no ser que hagamos
algo imaginativo, muchos criminales no serán juzgados nunca”.
Los métodos utilizados en esta operación, que comenzó en
2003 en Estonia, Letonia y Lituania, que continuó en Rumania
y Austria y que este verano se ha ampliado a Hungría
y Croacia, son los que han despertado mayor polémica:
ofrecer recompensas de 10.000 euros a través de anuncios en
prensa, establecer líneas de teléfono para recibir denuncias, así como campañas publicitarias.
En las paradas de autobús de Bucarest podían verse
este verano carteles con la imagen de un niño abrazado por
su
padre tomada durante el pogromo de Iasi, en el que, en junio de 1941,
10.000 judíos fueron deportados.
El texto asegura: “Gustav Segal murió pensando en su
familia. Su historia es la todos los judíos masacrados en
Iasi en 1941”.
“Todavía hay miles de criminales de guerra en Europa.
Estamos allí donde los judíos fueron sesinados. También
es en esos países donde quedan más testigos”,
explicó Zuroff, que comenzó trabajando para
el departamento del FBI que se ocupa de los criminales de guerra,
antes de convertirse en
el responsable de cazadores de nazis
del CentroWiesenthal. “Nadie sabe cuántos quedan en
Europa, pero si definimos como criminal de guerra a alguien que colaboró de
alguna forma en el asesinato de civiles inocentes durante la II Guerra
Mundial, estamos hablando de mucha gente”, agregó.
A través del teléfono, se piden detalles sobre el denunciante,
el crimen y la persona que lo cometió.
El Centro Wiesenthal asegura que investiga las denuncias antes de
ponerlas en conocimiento de la fiscalía del país. La
campaña ha permitido abrir cerca de 300 investigaciones, de
las que 72 dieron resultados positivos. Esos datos fueron
enviados a los fiscales locales, que han iniciado 15 procesos por
asesinato, aunque no se ha celebrado ningún juicio todavía.
El Centro Wiesenthal ha explicado que los motivos por los que lanzó la
campaña son “la avanzada edad de los sospechosos y de
los testigos, la dificultad para obtener testimonios creíbles
para crímenes cometidos hacemuchos años y la falta
de voluntad política para perseguir a criminales de guerra
enmuchas sociedades
poscomunistas”.
Aunque no han discutido que se persiga hasta su último aliento
a los responsables del Holocausto, algunos historiadores, intelectuales
y expertos en la Shoah de los países en los que se ha lanzado
la campaña han puesto en duda la legitimidad y la utilidad
de las denuncias telefónicas. “Creo que puede enriquecer
a algunas personas, pero no servirá para procesar a criminales
de guerra húngaros. Por 10.000 euros ya se han presentado siete denuncias.Me temo que en el caso de que sólo uno de
esos ancianos sea detenido, juzgado y liberado por falta de pruebas,
la prensa ultraderechista estarámuy contenta.
Esta campaña podría aumentar el antisemitismo”,
asegura LaszloKarsai, experto en el Holocausto y profesor de la Universidad
de Szeged, en el sur de Hungría, uno de los países
donde la campaña ha despertado una mayor polémica.
En Polonia, el conocido
político y respetado historiador, de origen judío,
Bronislaw Geremek, mostró a la BBC su oposición a una
campaña “que ofrecía dinero a cambio de información”.
El defensor del Pueblo húngaro encargado de la protección
de datos, Attila Peterfalvy, puso en duda la legalidad de la operación. “En Hungría, las
organizaciones extranjeras sólo pueden recoger datos personales
con permiso de los afectados”, explicó Peterfalvy a
la radio pública estadounidense. “Las reticencias de
Peterfalvy causaron la dimisión del primer responsable del
programa en Hungría, Iván Beer”, señala
el profesor Karsai desde zeged. Andras Daranyi, director del Centro
Húngaro del Holocausto, apoyó la campaña, pero
ha reconocido que estaba mal concebida “porque podía
tener un cierto aire de venganza y
nosotros no queremos venganza”. “El paso del tiempo no
convierte a la gente culpable en inocente”, aseguró Zuroff
a la prensa húngara. El cazador de nazis insistió en
que el programa continuará “cuando sea nombrado un nuevo
coordinador”. “Todo esto es un intento para evitar que
la colaboración de los húngaros con la Shoah salga
al debate público. Tenemos una obligación hacia las
víctimas y estamos trabajando contra el reloj”.
EFE, París
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